Primer Centro Lgbtiq de Venezuela lucha porque se reconozcan sus derechos

Los derechos civiles y el reconocimiento legal no existen para la comunidad Lgbtiq en Venezuela. Conformada por personas lebianas, gays, bisexuales, transgénero, intersexuales y queers, intenta sobrevivir en un país con una de las peores crisis del mundo y sin leyes que la ampare. Sus miembros están excluidos de las respuestas políticas, humanitarias e institucionales en Venezuela y, sin embargo, siguen luchando por lograr igualdad.

Jurídicamente no existimos”, afirma Jau Ramírez, director del movimiento SOMOS que tuvo la iniciativa de formar el primer centro Lgbtiq de Venezuela, ubicado en el casco central de Mérida, a una cuadra de la Plaza Bolívar.

En Mérida la situación es especialmente crítica para los miembros del colectivo, señala Ramírez.  Si una persona acude a la gobernación del Estado, lo primero que verá será la imagen de la Virgen María. Este es otro ejemplo cómo el Estado y sus instituciones no solo no reconoce la diversidad, sino que tampoco es laico ni democrático.

Los retos son infinitos para el centro, un lugar que Ramírez define como pionero, histórico pero, sobre todo, como un espacio seguro para el colectivo. Expandirse a otras ciudades, lograr reconocimiento de las instituciones públicas y prestar apoyo son solo algunas de las metas que se ha trazado. Sin embargo, las condiciones políticas, económicas y sociales del país dificultan su labor.

“Es difícil no solo por las trabas jurídicas. También están las financieras y las limitaciones en el acceso a la cooperación internacional. Esta última es una realidad que viven todas las organizaciones de la sociedad civil en el país”, explica Ramírez.

Conformado actualmente por 62 activistas voluntarios, la meta de este centro es llegar a otros municipios de Mérida donde la discriminación alcanzan niveles más altos. Pero, primero, la organización deberá intentar sostenerse económicamente.

Esa es una realidad de la que no escapan los movimientos Lgbtiq en Venezuela: cuentan con fondos limitados. “La cooperación internacional y los fondos internacionales para asistencia social y desarrollo no están llegando a los movimientos de este tipo”, explica el director.

Seis áreas de servicio

Entre los servicios del centro destaca la atención jurídica y psicosocial presencial a los miembros de la comunidad Lgbtiq en Venezuela. En el sitio se habla de salud mental, hay grupos de apoyo y espacios de acompañamiento. El centro, además, también cuenta con áreas de trabajo.

“Tenemos en este momento seis áreas de acción. Una de formación, investigación, documentación y otra de activismo que es el corazón de todo lo que hacemos. Allí se incluyen  iniciativas como el PRIDE de Mérida o acciones de incidencia pública históricas. Entre ellas, la declaración de la Universidad de los Andes como espacio libre de homofobia, transfobia, bifobia”, explica Ramírez.

Lgbtiq en Venezuela

Imagen referencial: PRIDE (Mérida 2019)

Además de estas áreas de acción, está el área de asistencia jurídica y acompañamiento psicosocial para las personas del colectivo que lo necesiten. El centro cuenta con una red de grupos de apoyo que involucra al movimiento Somos y a la Unidad de Psiquiatría del Hospital Universitario de Los Andes.

“Esa red incluye mujeres en situación de violencia, sobrevivientes de violencia de género, personas transgénero,  personas con VIH y personas con ideación suicida”, comenta el director.

El centro es también un lugar donde se promueve el feminismo, el liderazgo y la participación de las mujeres. “Queremos crear espacios que sean verdaderamente inclusivos para la mujer”, comenta Ramírez.

Y agrega: “Somos un semillero de iniciativas y de liderazgos. También contamos con pequeños emprendimientos como el Maricafé, un café restaurante cuyos fondos van directamente a fortalecer otros servicios”.

PRIDE de Mérida

El PRIDE de Mérida es una plataforma política y cívica que desde hace tres años convoca a los miembros de la comunidad para salir a manifestar por sus derechos. Hasta ahora es la única manifestación y marcha del orgullo que ha sobrevivido a la crisis social, económica y humanitaria en Venezuela.

“Con el PRIDE buscamos impulsar los derechos de la comunidad, visibilizar nuestras realidades, nuestras demandas al Estado venezolano”, explica Ramírez.

El PRIDE de Mérida es liderado por SOMOS desde 2018 y 2019, pero, a raíz de la pandemia, no hubo marcha del orgullo ni PRIDE. Este año la plataforma espera conmemorar el mes del orgullo Lgbitq a través de una transmisión virtual que se realizará entre el mes de julio y agosto.

La comunidad intentará conmemorar el mes a pesar de las restricciones causadas por el covid-19. El día 28 de junio se realizará una manifestación en la Plaza Bolívar para celebrar el día del orgullo. Después de la manifestación se hará un open house en el centro. La actividad se realizará durante los últimos 15 días del mes de junio en donde se ofrecerán distintos foros sobre turismo en alianza con la Cámara de Empresas Lgbtiq de Venezuela.

Lucha contra el discurso de odio

El Centro Lgbtiq, en conjunto con el Movimiento SOMOS, espera llevar a cabo estas y otras iniciativas que le permitan crecer en otras ciudades de Venezuela. “Nos interesa mucho llevar nuestra casa y nuestro mensaje al resto del país”, afirma Ramírez.

Como comunidad reconocen que los retos a enfrentar son muchísimos en cuanto a cohesión social. “Constantemente, tenemos que hacer frente a los discursos de odio, a los avances de los grupos religiosos de la Iglesia Católica y de la Iglesia Evangelista que influyen en las instituciones públicas. Estos grupos constantemente impiden el avance del reconocimiento de derechos del colectivo a través de mensajes de odio y la criminalización de nuestros movimientos”, explica.

Recientemente, continúa Ramírez,  la Conferencia Episcopal afirmó que la comunidad Lgbtiq es una ideología de género. En el último comunicado de la institución, señala, se les acusa de ser movimientos pagados para imponer una ideología. “Tenemos que defender un Estado laico que sea capaz de imponer los derechos humanos y hacer frente a los discursos religiosos, de separar la Iglesia del Estado”, opina Ramírez.

“Es difícil entenderse como una fuerza cívica, como ciudadanía, como ciudadanos en un Estado que nos asume como lacras sociales o como ciudadanos de tercera. Creo que es fundamental el reto de seguir fortaleciendo a la comunidad Lgbtiq en Venezuela, asumiendo la importancia del activismo y la importancia que tiene cada vez más nuestra voz”, concluye Ramírez.

Notiespartano/ElNacional

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