Las primarias del PSUV por José Gregorio Rodríguez

Desde que se instaló la Mesa de Diálogo entre el gobierno y la oposición democrática en septiembre del año 2.019, comenzó un sostenido proceso de recuperación de la institucionalidad de la República, destacando que todo se ha realizado conforme a derecho, en el marco de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y además que, a pesar de los desacuerdos, observaciones y hasta cuestionamientos de diversos sectores al proceso, este viene avanzando de cara al país nacional, han durado poco los “secretos”, la mayoría de ellos en beneficio de la concreción de los acuerdos y por lo regular la opinión pública contando con Nicolás Maduro como un gran aliado, quien siempre, más temprano que tarde, ha revelado como van las conversaciones.

Es bueno recordar la iniciativa de la Mesa de Diálogo del 2.019, porqué los venezolanos que desde el campo de la oposición política, asumieron en ese tiempo la responsabilidad de acordar con el gobierno nacional transitar juntos el camino de la reinstitucionalización del país, fueron y son todavía víctimas, de la más implacable campaña de descredito y satanización adelantada por los sectores más antidemocráticos de nuestro país.

En esa oportunidad, se firmó el “Acuerdo de Paz, Entendimiento y Convivencia”, conviniendo seis puntos iniciales para los acuerdos: La Incorporación del PSUV y sus aliados a la Asamblea Nacional, la misma que había sido convertida en trinchera para atentar contra la nación. La conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE). La instalación de una comisión para que en conjunto con el Poder Judicial, evaluara las medidas de sustitución a dirigentes políticos privados de libertad. La defensa del legítimo derecho de Venezuela sobre la Guayana Esequiba. El rechazo a las medidas coercitivas unilaterales y, la aplicación de un programa de intercambio de petróleo por alimentos.

En muy poco tiempo se exhibieron los primeros logros: se produjo la liberación del diputado de Acción Democrática, Edgar Zambrano y la reincorporación de la fracción parlamentaria del Bloque de la Patria, a la Asamblea Nacional.

Los cuatro partidos de la oposición que inicialmente integraron la Mesa de Diálogo Nacional fueron: el Movimiento Soluciones, de Claudio Fermín; Avanzada Progresista, del ex candidato presidencial Henry Falcón; el Movimiento al Socialismo (MAS), de Felipe Mujica; Cambiemos, de Timoteo Zambrano; con la posterior incorporación del partido Esperanza por el Cambio, de Javier Bertucci.

Tocaba entonces la elección de un nuevo Poder Electoral, los partidos del denominado G4 (AD, PJ, UNT y VP), “jugaron” a la designación por la vía de la AN, en una maniobra de dilación destinada a impedir las elecciones parlamentarias constitucionalmente previstas para diciembre del 2020.

Agotado el tiempo, desde la Mesa de Diálogo recomendaron que desde el Tribunal Supremo de Justicia, en aplicación de su atribución constitucional, se corrigiera la omisión legislativa, y designara los rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE), para la realización de las elecciones de una nueva Asamblea Nacional en diciembre del 2020.

Se hicieron esas elecciones, y a pesar que sus resultados nos cubrieron las expectativas de los sectores de oposición que participaron, estos reconocieron los resultados, al tiempo que reflexionaron de cara al país, asumiendo que de haber logrado una alianza perfecta, hubieran quedado en una mejor situación.

Los que quedaron y los que no lo lograron, no salieron a cantar fraude, sino que por el contrario asumieron su derrota e inmediatamente se incorporaron a un nuevo proceso de conversaciones con los sectores del chavismo, para acordar una agenda mínima legislativa, cuyo principal punto, en lo que a la política estrictamente respecta, fue la designación de un nuevo CNE, como dese hace más de tres lustros no sucedía.

Así las cosas, este nuevo Poder Electoral convocó para el próximo 21 de noviembre unas megaelecciones regionales, donde se elegirán: gobernadores; alcaldes; diputados regionales y concejales municipales.

Consideré oportuno puntualizar sobre esos aspectos, porque me encuentro entre los venezolanos que saludamos la postura democrática de los dirigentes opositores que dieron el paso de instalar la Mesa de Diálogo de septiembre del 2019 y valoramos la extraordinaria capacidad política del presidente Nicolás Maduro, quien aun en las peores circunstancias siempre ha creído y estimulado la vía del diálogo. Estoy convencido que si esa iniciativa no se hubiera concretado en el 2019, no hubiéramos avanzado hasta donde hoy nos encontramos.  Veamos.

Estamos a un poco más de cuatro meses de esa importante cita electoral, serán renovados los cargos regionales y municipales del Poder Ejecutivo y el Poder legislativo más importantes de la institucionalidad democrática que hasta hoy existen.

En nuestra opinión, esta coyuntura electoral es crucial para los tiempos políticos por venir. Bien podían decir quienes ejercen la mayoría en el país, quienes por la voluntad del pueblo detentan el poder político, la gente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), y sus aliados del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, que dada la delicada situación política por la que hemos transitado en los últimos tiempos, al bloqueo criminal impuesto en el paquete de medidas económicas coercitivas unilaterales decretadas por los EEUU y sus aliados contra Venezuela, a la pandemia de la Covid-19 y al peligro que representa esta situación contra la estabilidad de la república, que el alto mando político se “reserva” la selección y postulación de candidatos a las megaelecciones de noviembre próximo.

Pero no, el pasado 1 de junio, Nicolás Maduro, en su condición de presidente del PSUV, acompañado el primer vicepresidente de esa organización política, Diosdado Cabello, y de la dirección nacional del PSUV, anunció al país la convocatoria a unas elecciones primarias a realizarse el 8 de agosto, precedida por una consulta a las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH), estructura des de base del PSUV, que se realizará el próximo 27 de junio, para elegir los candidatos y candidatas a las elecciones regionales y municipales del 21 de noviembre próximo. Para rematar informó, que el “padrón electoral” de las primarias del 8 de agosto serán todos los integrantes del registro electoral del CNE.

Sobre los detalles de la selección de candidatos y candidatos del próximo domingo 27 de junio, no me voy a referir en esta oportunidad, sólo quiero resaltar la inmensa vocación democrática de una organización política que en estos tiempos convulsos como los que hemos vivido, tiene la audacia de consultar a su militancia y al país nacional para escoger sus candidatos. Tan amplio ejercicio democrático nunca antes se había registrado en nuestro país.

Lo más importante de esta decisión política del PSUV,  no sólo es que ofrece un extraordinario ejemplo de democracia participativa y protagónica a los venezolanos, sino que además le muestra al mundo el clima de estabilidad política que se “respira” en nuestro país.

Así será, que hasta el ex presidente de la AN, Juan Guaidó, acaba de anunciar que “evalúa la posibilidad de participar en las Megaelecciones regionales pautadas para el próximo 21 de noviembre”.

No crean que por convicción democrática. Está obligado por las circunstancias. La mayoría de las organizaciones que lo respaldan en eso que ahora llaman el G4 Plus, están a punto de anunciar su participación en el proceso.

¿Cómo aplica toda esta situación en el caso de Nueva Esparta? Sobre ello he venido escribiendo en sucesivas entregas. Sin duda, las primarias del PSUV también impactan en las colectividades políticas de la oposición. En el caso de nuestra región, dejó sin política a quien hizo de las primarias su única posibilidad de mantenerse en el poder.

Los militantes y simpatizantes del PSUV tienen la oportunidad histórica de seleccionar y elegir candidatos a las Megaelecciones de noviembre. Para eso están concebidas las Primarias del PSUV. 

JoséGregorioRodríguez/Jotaerre577@gmail.com

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