“Seguid el ejemplo que Caracas dio” 19 de abril de 1810 por Héctor R. Mendoza Hernández

“Caraqueños, otra época empieza…”, frase de una canción revolucionaria escrita por el joven Andrés Bello antes de partir de su Caracas en misión diplomática – acompañado de sus amigos Luis López Méndez y Simón Bolívar – hacia Londres. Canción de despedida del poeta, porque no regresó jamás a su cuna, pero lo elevó como pensador de la patria grande contribuyendo a su identidad cultural – canción pre figuradora de futuro.

En efecto, esta canción y otras canciones (entre las que se encuentra “Gloria al Bravo Pueblo”) preludian la génesis del conflicto central: la crisis del estado español y su sistema colonial y el ansia de Independencia de los pueblos hispanoamericanos. El 19 de abril de 1810 no fue el primer movimiento emancipador, antes se moviliza nuestra tierra en esa dirección. Sí fue el primer movimiento en quebrantar con esto el poder político del Estado Colonial y anuncia la derrota definitiva de una gran potencia imperial en el siglo XIX, imperio sin parangón en la historia mundial por la vastedad de su territorio, de su inmensa riqueza. La lucha de los pueblos vence cualquier potencia por más fuerte que sea el inicio (tardìo) de una emancipación de los antiguos imperios.

«Seguid el ejemplo que Caracas dio”. Movimientos con idénticos sentidos vendrían en las ciudades capitales de Provincias de la Capitanía General de Venezuela. Cumaná (27 de abril), Margarita (4 de mayo), Barinas (5 de mayo), luego Barcelona, Mérida, Trujillo. El Movimiento del 19 de abril no declara jurídicamente la Independencia, pero al romper el poder político espacial y crear la Junta de Gobierno se produce un salto cuantitativo en la esfera política que culminó con la declaración de Independencia el 5 de julio de 1811. Otras rupturas con las autoridades coloniales se produjeron luego en la Patria Grande: Buenos Aires (25 de mayo), Bogotá (20 de julio), Santiago de Investigación histórica del Capítulo I del seriado radial Siglo II 2 Chile (18 de septiembre); el 16 de septiembre se da el “Grito de Dolores”, Hidalgo comienza la rebelión en México.

La sociedad colonial está en crisis, donde convergen diversos factores complejos para el momento: conflictos de origen social en el seno base de las clases sociales populares y que se traducen en rebeliones de pardos y esclavos con mucha influencia de la revolución haitiana, limitado desarrollo económico debido a la excesiva extracción de nuestros recursos naturales monopolizados (con justificación jurídica) por la corona española y las limitaciones de los factores dinámicos de la sociedad que impedían ascender a las clases élites (mantuanos) a posiciones políticas cimeras (coloniaje político). Estos factores internos de crisis de la sociedad colonial en conjunción con factores externos, como la crisis del Estado español, se unen en un haz.

Un jueves santo, por cierto, Don Vicente Emparan, Capitán General y Gobernador, se dispuso a asistir a los oficios religiosos de aquel inolvidable día en la Catedral de Caracas. Desde diciembre de 1809 se respira un clímax de zozobra por la dominación de España por los franceses, el pasado 2 de abril se devela la fallida conspiración de la Casa de Misericordia, durante todo el día 18 de abril hay diversas reuniones no oficiales, el 19 a temprana hora el Cabildo Municipal reunido en su sede (actual “Casa Amarilla”) decide la Convocatoria de un Cabildo Extraordinario, ese día se hacía la imposición de las llaves de la ciudad. Sólo Emparan tenía la potestad legal de convocarle, ya este hecho propone un cisma revolucionario: el desconocimiento de la autoridad legal. Don Vicente es invitado a participar para discutir la propuesta de formación de una Junta de Gobierno para “… atender a la salud pública de este pueblo, que se halla en total orfandad…” (Acta del 19 de abril). Luego de ardua polémica Don Vicente se retira de la reunión, rumbo al templo mayor, al atravesar la plaza mayor (hoy plaza Bolívar) observa una inquietante multitud voceando “¡A cabildo, a cabildo!”, en la entrada de la iglesia siente que lo toman enérgicamente por el brazo, el joven Francisco Salias lo “invita” a regresar a Cabildo, mientras se congregaba más pueblo dirigido por pensamientos más radicalizados: José Félix Ribas, Juan Germán Roscio, Francisco Javier Yánes, José Rafael Villarreal, Tomás y Mariano Montilla, además de líderes venidos de los sectores populares como J.J. “El pueblo” Mujica y Juan Tremiño.

De nuevo reunido el Cabildo, ahora más decidido a enfrentar a Emparan y otros funcionarios españoles como el intendente Vicente Barade, los oradores y fiscales de la Real Audiencia, los representantes del Cabildo Eclesiástico y del Arzobispado no fueron admitidos.

El Cabildo extraordinario dura horas, se habían incorporado los principales revolucionarios quienes radicalizaron la discusión: José Félix Ribas se tomó la representación de los pardos, Juan Germán Roscio, el presbítero José Cortés de Madariaga: éste es el más radical, “ataca violentamente el impetuoso chileno los procedimientos de Emparan, atribuyéndole dolosas intenciones, increpa la debilidad de los cabildantes… y concluye pidiendo la deposición pura y simple del Capitán General” (Caracciolo Parra-Pérez).

Don Vicente se sabe vencido ante las élites criollas, en gesto de audacia política se acerca al balcón de la sala a buscar respaldo popular, pero no contaba con el agudo olfato político del revolucionario chileno quien lo sigue al balcón. Ante la pregunta del gobernador, su mímica corporal muestra un asomo negativo, “¡Nooooo!” “Pues yo tampoco quiero mando”.

Toda una revolución política: el acta consagra un nuevo gobierno, se suprimen de sus funciones el Capitán General, el intendente del Ejército y Real Audiencia, el Subinspector de Artillería, Auditor de Guerra, Asesor General.

Es decir, son destrozadas todas las instituciones coloniales: políticas, militares, jurídicas, económica, toda una revolución ciudadana, momento de destrucción del Estado Español y emergencia de lo nuevo.

Asume el gobierno el Cabildo de Caracas – institución germen de la independencia hispano-americana – con sus dos alcaldes Don José de las Llamozas y Don Martín Tovar Ponte quienes dirigen una proclama a todos los ciudadanos de las “Provincias Unidas de Venezuela” para reafirmar la lealtad al “amado Fernando VII” pero con la proposición de “seguid el ejemplo que Caracas dio”.

La Junta de Gobierno precedido por los dos alcaldes designó cuatro secretarios de Estado: JG Roscio en Relaciones Exteriores; el oficial de la marina Lino de Clemente en Marina y Guerra; Fernando Key Muñoz en Hacienda y Nicolás de Anzola en Gracia y Justicia, llegó a tener hasta 23 miembros, entre ellos un representante del “gremio de los pardos” (medida política de gran avance para la época). La Junta instruyó manifestar a los cabildos de las principales ciudades de la América española incitándolos a tener causa común. Envió delegación diplomática a Londres (Andrés Bello, Luis López Méndez, Simón Bolívar) para negociar reconocimiento político a este significativo hecho histórico.

La “Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII”, nombre oficial del nuevo gobierno, tomó medidas que favorecían las ideas independentistas como: eliminación del impuesto de alcabala sobre comestibles, extinción del derecho de exportación, prohibición del tráfico de esclavos, derogación del tributo de los indios, libertad de comercio y la convocatoria del primer Congreso de Venezuela que declaró la Independencia y redactó la primera constitución de Hispanoamérica (5 de julio de 1811).

Como en todo proceso de estremecimientos históricos y transformaciones socio-culturales, no toda la élite dirigente está esclarecida. En el movimiento del 19 de abril, entre los mantuanos había contradicción, por ejemplo, la alta jerarquía de la Iglesia Católica no participó en este acontecimiento. Pero la historia siempre forma sus hombres y mujeres más lúcidos, comprometidos consecuentes (“El papel del individuo en la historia”). Para ello están los hermanos Salias, los Montilla, Los Ribas, JG Roscio, y los hermanos Juan Vicente y Simón Bolívar (no pudieron participar por encontrarse detenidos por sus acciones conspirativas en la Casa de Misericordia). Luego formarían la Sociedad Patriótica, primer partido venezolano, donde militaban los revolucionarios que encaminaron a la patria hacia su independencia. Algo nuevo estaba ocurriendo en nuestra tierra, “… otra época empieza…”.

HéctorR.MendozaHernández/Historiador/BlogCaracasenMovimiento

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