Biden, por José Angel Borrego

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en el discurso tras juarar como mandatario del país, en Washington, EEUU

Para quienes jugamos pelota caribe es probable que el primer discurso del presidente Biden, en calidad de tal, haya sido endeble. Consultamos con tres amigos gringos (vía WhatsApp) y para ellos fue un buen discurso, por conciliador, moderado, sin optimismos artificiosos y con sabor americano. Dos compatriotas nacionalizados allá, con más de 25 años en USA cada uno, y con cierta onda latina persistente, habrían esperado una mayor reconvención hacia Trump. Pero también lo califican muy bien.

Jamás habíamos presenciado en TV un acto inaugural (así le dicen allá) de un presidente norteamericano. Y de un presidente nuestro muy pocas veces. Tres a lo sumo. O tal vez dos. Pero ayer acompañamos a Biden desde nuestro monitor de pc a falta de Simple TV, para conocer el desenlace, triste para Trump, de su carrera presidencial. A él lo vimos en Florida ofreciendo un mensaje vacío e inconexo. Su petulancia le pasó factura y vemos complicado su retorno al cuadrilátero.

Biden hizo un recorrido por muchos parajes de la política y un exhorto a la unidad, citando, claro, los acontecimientos de último minuto instados por un Trump ensoberbecido, sin mencionarlo. Convocó al pueblo norteamericano a rememorar la historia de los Estados Unidos y luchar espiritualmente por izar valores que han hecho enorme a esa nación. No se comprometió con nada más que buscar la paz, la unión, la confraternidad y la amistad entre todos. No hizo anuncios económicos que alguna gente esperaba ni trazó zigzagueantes rayados para graficar la situación de su país. Podría decirse que prefirió esperar a abrir gavetas en el Despacho Oval para decidir cuáles lineamientos enrumbar a partir de ayer mismo. En una nación donde todo se prevé con buena antelación eso pareció extraño. Creímos y esperamos que Biden al menos planteara en líneas gruesas cuál será el rumbo de la economía y de la relación multilateral de Estados Unidos con el resto del planeta.

Con su mutis no asume compromisos, diría o pensaría uno, más suspicaz que el norteño. Aunque por regla general, nos dicen, esos discursos son muy parcos. Antes de Bush hijo, 7 minutos; de allí en adelante se han hecho abundantes, filosóficos, pero igual prudentes.

Será muy difícil que repitamos esta experiencia. No nos nutrió en nada. Solo nos complace que la Democracia haya triunfado por encima de la barbarie trumpista.

JoséAngelBorrego

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