Trump ordena reducción de tropas de EE.UU. en Irak

Donald Trump se ha apresurado a cumplir, a menos de dos meses de las elecciones presidenciales de noviembre, una de sus principales promesas de hace cuatro años: una drástica reducción del número de soldados desplegados en Irak, que se reducirán pronto de unos 6.000 a 3.000. En realidad esos soldados están desde 2011, año oficial del final de la Guerra de Irak, solo en labores de entrenamiento y apoyo a las fuerzas armadas iraquíes, y no desplegados en combate, aunque han prestado apoyo a la lucha contra el califato que se ha librado en años recientes tanto en Irak como en Siria.

Desde la Casa Blanca, el presidente estadounidense se ha quejado en numerosas ocasiones del gran lastre de «las guerras interminables» de Irak y Afganistán, como él las suele llamar, ambas abiertas después de los atentados terroristas de 2001 por el anterior presidente republicano, George W. Bush, en ambos casos con apoyo de los demócratas en el Capitolio. Sus ácidas críticas a la utilidad de esas guerras le han granjeado a Trump la animosidad de Bush hijo y la vieja guardia neoconservadora, que no tuvo papel alguno en el congreso electoral del Partido Republicano de finales de agosto.

En 2011, el grueso del contingente militar estadounidense en Irak, que en su cenit llegó a un pico de 166.300 soldados, abandonó el país árabe. Se replegaron aquel año unos 35.000 soldados norteamericanos. Tras unas tensas negociaciones, en las que se debatió hasta inmunidad ante supuestos crímenes de lesa humanidad, el Gobierno de Barack Obama fue capaz de dejar un destacamento de 5.000 sobre todo para proteger la embajada estadounidense. Con el auge del Daesh y el «califato», esos mismos soldados se encargaron de sofocar la insurgencia yihadista posterior al inicio de la guerra civil siria.


Guerra interminables

Ya avanzó Trump el lunes esta decisión en una rueda de prensa: «Estamos saliendo de estas guerras interminables. Derrotamos al 100% del califato. Cuando llegué, era un desastre; un año después había desaparecido. Y dije: traigamos a nuestros soldados de regreso a casa. Algunos no quieren volver a casa, quieren seguir allí malgastando nuestro dinero». ¿Quiénes son esos uniformados que no quieren volver a casa? Trump lo aclaró en aquella misma intervención. «Los militares estén encantados conmigo. No los militares, los soldados. Los jefes del Pentágono probablemente no lo están porque no quieren hacer nada más que combatir en guerras para que todas esas maravillosas empresas que fabrican bombas y aviones sigan contentas».

Lo cierto es que la cúpula del Pentágono argumenta que la presencia de un robusto contingente militar de EE.UU. en Irak es necesaria ya no para mantener a raya a los yihadistas y los restos del «califato» suní, sino también, y sobre todo, para contener a las milicias chiíes que financia y arma Irán. Ya el año pasado, el propio Trump ordenó matar en Bagdad, con un ataque con misiles, a un alto mando iraní, el general Qassem Soleimani, tras un ataque contra objetivos estadounidenses en la zona por parte de una milicia que supuestamente coordinaba este.

El anuncio del repliegue de Irak lo hizo el miércoles el general Kenneth F. McKenzie Jr, al frente del Comando Central de las Fuerzas Armadas de EE.UU. «Esta reducción nos permite continuar asesorando y ayudando a nuestros socios iraquíes a erradicar los restos finales del Daesh en Irak y garantizar su derrota duradera», dijo en una comparecencia televisada por internet desde Irak. «Esta decisión emana de nuestra confianza en la creciente capacidad de las fuerzas de seguridad iraquíes para operar de forma independiente».

Hace tres semanas, Trump recibió en Washington al nuevo primer ministro de Irak, Mustafá al Kadimi, y ambos mandatarios discutieron, según reveló ayer la Casa Blanca, ese posible repliegue. Quedó patente en las declaraciones que hizo el presidente estadounidense tras aquella bilateral: «En algún momento, lógicamente, nos tendremos que ir».

Soldados en Afganistán

Como en Irak, Obama declaró el final de las operaciones de combate en Afganistán en 2014, aunque en ese país quedan 14.000 soldados, que Trump también ha prometido devolver a casa. A punto estuvo el actual presidente de invitar a la residencia de Camp David a una delegación de la Guerrilla Talibán en 2019 para negociar un acuerdo de paz y poner fin definitivamente a las hostilidades, pero un ataque insurgente en el que falleció un soldado de EE.UU. truncó esos planes.

El presidente lleva varios días desmintiendo unos supuestos comentarios que según la revista «The Atlantic» hizo en 2018 durante una visita a París tras negarse a visitar un cementerio militar donde había enterrados estadounidenses caídos en combate. Según publicó ese medio, el presidente dijo entonces que los soldados muertos en combate eran «unos perdedores» porque «se habían dejado matar». La portavoz de la Casa Blanca los tachó ayer de «invenciones». «Son obra no de un periodista, sino de un activista que quiere intervenir en esta campaña», dijo ayer Kayleigh McEnany.

Notiespartano/ABC

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