El viejo chavismo se aleja de Nicolás Maduro

Durante las dos últimas semanas la cúpula chavista ha arremetido contra los disidentes que integraron el llamado Polo Patriótico, la coalición formada por Hugo Chávez. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), controlado por Nicolás Maduro, les ha arrebatado a los líderes históricos sus pequeños partidos de izquierda para dárselos a socios incondicionales. Líderes de la disidencia cuestionan el autoritarismo.

Voces que acompañaron al chavismo, como la del poeta Néstor Francia, reflexionan: “No sé a dónde va este país”. Pide “dar presencia a un pensamiento renovador, que apunte a un proceso de apertura nacional, que una a los venezolanos”.

En las alocuciones públicas y al lado de sus principales voceros, Nicolás Maduro se esfuerza en intentar ofrecer una imagen de buen conductor de la revolución. Desde las cámaras toma pausas para recomendar series de Netflix, bromea con su esposa Cilia Flores y da órdenes económicas con nuevos planes similares a los que ha anunciado desde 2013. Su hegemonía parece inalterada a pesar de que gobierna sobre una fractura interna que apenas se manifiesta.

Aún con varias autoridades del alto gobierno contagiadas con el coronavirus, y cifras oficiales aterradoras que hablan del crecimiento de la pandemia en toda Venezuela – que los expertos consideran que están por muy debajo de las reales- y un país en modo de supervivencia, la cúpula que gobierna parece haber mantenido a raya a quienes podrían intentar disputarles el control hegemónico interno del partido y del país.

Una sensación de tranquilidad se asienta además sobre una oposición dividida, que apenas comienza a hacer esfuerzos por comunicarse para reconstruir la unidad y, tal vez, lograr articular una estrategia que lleve al cambio.

La realidad cotidiana

Pero la inestabilidad del país se refleja continuamente en los permanentes derrames petroleros en la costa y en tierra, o en taladros abandonados sin personal en campos de la estatal Pdvsa; frecuentes explosiones en centrales eléctricas; devastación de la región de Guayana; riñas y colas por gasolina; guerra entre bandas de delincuentes comunes; asesinatos de mujeres a manos de pranes (jefes criminales de las cárceles) y reclamos diarios y protestas callejeras por servicios públicos y alimentos.

Son hechos que no se pueden ocultar, a pesar de que el gobierno no publica cifras económicas y sociales, porque afectan la imagen tanto a de la cúpula del chavismo, que mantiene sus grandes privilegios, como la moral de quienes todavía piensan que el socialismo es la vía redentora.

Aún con esos escenarios, los dos altos jefes del chavismo (Maduro y Diosdado Cabello) y los principales miembros de la cúpula parecen mantener a raya a quienes los cuestionan internamente o piden el regreso a métodos democráticos para el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y el país. Esos sectores exigen un cambio en las políticas para salir del estancamiento económico y de la corrupción.

Pero la hegemonía en regímenes autocráticos tiene su propia dinámica y siempre está por encima de principios o conceptos que pongan en peligro la continuidad de quien tiene tomado el timón.

En estas dos últimas semanas, las “purgas de Maduro” sobre la disidencia tuvieron un momento crucial. Es una nueva etapa, diferente a la de años anteriores, en la que terminaron presos o en el exilio ex ministros, altos militares, importantes funcionarios y hasta líderes históricos.

La izquierda ortodoxa

Uno de estos golpes se lo propinaron a Patria Para Todos (PPT), al Movimiento Tendencias Unificadas Para Alcanzar Movimiento de Acción Revolucionaria Organizada (Tupamaro) y Compromiso País (Compa). Todos fueron intervenidos por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Los despojaron de sus tarjetas electorales y se les impuso una nueva directiva. Aunque hace tiempo estaban en la oposición, la razzia también le cayó a Bandera Roja, un histórico movimiento de izquierda, marxista leninista, quien mantuvo distancia del chavismo desde sus primeros años. El nombre de uno de sus fundadores (1972), Américo Silva, ha sido un símbolo para el chavismo.

Al Partido Comunista de Venezuela (PCV) le llegó a la sede de Puerto Cabello, estado Carabobo, el SEBIN, la tenebrosa policía política; luego de distanciarse de Maduro y hacer severas críticas a las políticas y la corrupción del gobierno.

Detenciones

Otros hechos aparentemente no relacionados con «la purga” han llamado la atención y algunos los señalan como parte de una persecución a disidentes. Algunos de estos carecen de explicación.

Uno de ellos ha sido la detención del ex diputado de Anzoátegui del PSUV Giovanni Urbaneja, por “difamación de investidura e instituciones públicas”, que incluye a críticas a Maduro. El 20 de agosto funcionarios de la brigada del Servicio de Investigaciones Penales, de la región de Guanipa, en el estado Anzoátegui, detuvo a este ex diputado del Consejo Legislativo. Urbaneja había introducido numerosas denuncias por las condiciones de vida de los sectores populares, y de presuntos actos de corrupción por parte de funcionarios públicos de la entidad.

“Creí en Hugo Chávez»

Nicmer Evans fue un consecuente seguidor de Hugo Chávez, y por eso militó en el chavismo desde los tiempos del Movimiento V República (MVR). Fue precandidato a diputado de la Asamblea Nacional por el circuito 1 del Distrito Capital en 2010. Las llamadas Unidades de Batalla (UBCHs) lo postularon en 2013 como candidato a la alcaldía de Caracas, quedando dentro de los primeros cincos postulados válidos; pero las primarias fueron suspendidas y quedó fuera. Su último cargo público fue como asesor en la presidencia de la Asamblea Nacional ese mismo año.

Evans rompió con el gobierno en 2013, poco después de la muerte de Chávez y se incorporó al partido de izquierda, disidente, Marea Socialista, donde estuvo hasta julio de 2017. De allí en adelante formó su propia organización: Movimiento por la Democracia y la Inclusión, desde las filas de la oposición al gobierno de Maduro y desarrolló el portal de información política Punto de Corte. bloqueado por las agencias tecnológicas de Maduro.

El 13 de julio fue detenido por efectivos del SEBIN, acusado de “promoción o incitación al odio” y desde entonces está detenido.

Una columna escrita por el politólogo, publicada en The New York Times, el 27 de agosto de 2019, sintetiza las razones de su ruptura con el “madurismo”. En ese trabajo, Evans se dirige al chavismo que no ha caído en la corrupción y mantiene ideales de una Venezuela democrática, y lo insta a reconocer el error de haber creído en un chavismo transformado en un modelo autoritario.

En el artículo de opinión, bajo el título “Creí en Hugo Chávez y fue un error”, expresa: “la historia, veinte años después de que Chávez llegara al poder, demuestra lo equivocados que estábamos yo y muchos venezolanos que nos considerábamos chavistas, muchos de los que lo asesoraron, de los que lo defendimos y justificamos en privado y en público, de los que votamos por él”.

Notiespartano/El Estímulo

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