Bratislava, la encantadora y desconocida capital de Eslovaquia

Pequeña, discreta pero llena de encanto. La capital de Eslovaquia es uno de esos lugares aún por descubrir. Una ciudad con una larga y tormentosa historia, plagada de rincones maravillosos, con un animado ambiente y alguna que otra curiosidad que te contaremos más adelante. ¿Nos acompañas? Vamos a dar un paseo por la bella Bratislava

El centro histórico de la ciudad es pequeño, pero merece la pena recorrer despacio sus callejuelas, subir a los miradores y detenerse a admirar alguno de sus principales monumentos.

Vamos a empezar hablando de dos de ellos, ambos castillos y con un papel importante en el desarrollo de la identidad nacional.  El primero de ellos es el castillo de Devín, situado en un punto estratégico, entre los ríos Morava y Danubio, una fortaleza arrasada por las tropas napoleónicas en 1809.

Castillo-de-Bratislava

También símbolo nacional es el castillo de Bratislava. Otro punto estratégico desde la época romana. La primitiva fortaleza, construida en el siglo X sufrió innumerables reformas y ampliaciones. Destruido por un incendio a principios del siglo XIX, fue reconstruido a mediados del siglo XX y hoy alberga colecciones del Museo Nacional y del Museo de Historia.

Mucho más reciente es el palacio del Primado, pero también tiene una relevancia histórica importante. Construido en el siglo XVII como residencia del arzobispo Esztergom, su fantástica sala de los espejos fue el lugar en el que Napoleón y Francisco II de Austria firmaron la Paz de Pressburgo tras la batalla de Austerlitz.

Palacio-Primacial-Bratislava

Pero Bratislava aun esconde muchos más tesoros. No hay que dejar de admirar el palacio Presidencial, con su estilo rococó y sus maravillosos jardines; la puerta de San Miguel, único recuerdo visible de la muralla que rodeaba la ciudad en la Edad Media; o la plaza de Hlavne Namestie, con su animado ambiente gracias a las terrazas y bares que alberga.

También merece la pena dedicarle unos minutos al ayuntamiento, construido en el siglo XIV y que alberga un museo en el que se puede conocer mejor la historia de la ciudad. Y, por supuesto, hay que visitar la catedral, modesta y sobria, pero con un papel en la historia, ya que fue escenario de las ceremonias de coronación de algunos soberanos húngaros.

Catedral-de-Bratislava

Ya conocemos su casco histórico. Hora de ir a la Bratislava más moderna. ¿Qué podemos destacar? En primer lugar, el monumento de Slavin, un recuerdo de la época comunista en forma de memorial en homenaje a los soldados soviéticos que murieron en la Segunda guerra Mundial. Situado en una colina, ofrece unas bellas estampas de la ciudad.

Monumento-Slavin-Bratislava

no puedes irte de Bratislava sin hacerte una foto con Cumil o alguno de sus amigos ¿Quiénes son? Cumil es un simpático obrero que sale de una alcantarilla para descansar mientras contempla tranquilamente la calle. Sí, una divertida figura…inanimada, claro.

Estatua-de-Cumil-en-Bratislava

En una de las plazas del centro encontrarás un soldado napoleónico apoyado tranquilamente en un banco, o a un elegante caballero vestido de frac y con sombrero de copa. ¡Y cuidado al doblar las esquinas! Un indiscreto paparazzi se asoma a una de ellas y es cazador cazado, porque es él, precisamente, quien más fotografías acapara.

Bratislava es toda una joya que, además ofrece al visitante una rica vida cultural con innumerables museos, salas de exposiciones y teatros. 

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