La propuesta antidoping de Morel por José Gregorio Rodríguez

Después que el pasado 24 de agosto, el candidato a la gobernación, Morel Rodríguez Ávila, declaró que  en estos tiempos que vivimos caracterizados por una profunda crisis económica, social y de pérdida de valores de todo tipo, es de gran importancia para la majestad del cargo de gobernador que la persona que lo detente, sea reconocida en la comunidad por su alta calificación ética, moral y por exhibir excepcionales condiciones humanas, y lanzó el reto a los aspirantes a la primera magistratura de Nueva Esparta, para realizarse un examen antidoping en los laboratorios forenses del estado, con la presencia del Colegio de Médicos de la región y de las autoridades que tengan que ver con la materia, «se subió la gata a la batea”.

Inmediatamente, desde los laboratorios comunicacionales del Ejecutivo regional, el flamante secretario de gobierno y jefe de campaña del candidato a la reelección, embistió “lanza en ristre” contra Morel Rodríguez, y señaló por las redes sociales, que padecía de demencia senil y que no tenía salud para gobernar.

Bien feo que le queda ese lenguaje soez y desconsiderado, a un personaje que, en sus tiempos de legislador regional, se comportó como un fiel cortesano del entonces gobernador Rodríguez Ávila.

El gobernador Alfredo Díaz por su parte, comenzó a hablar de la corrupción en el pasado, pero tapando el “retrovisor” que apunta a su cuestionada gestión como alcalde del municipio Mariño.

El gobernador, su nuevo “asistente político” y uno que otro asomado embistieron contra el proponente, pero ninguno se refirió a su propuesta. 

En el comando del candidato a la reelección decidieron “jugar a los locos”, con el tema del examen antidoping para los candidatos a gobernador.

Definitivamente “algo huele mal en Dinamarca” y por eso decidí escribir sobre la materia.

El tema del consumo de estupefacientes y la vinculación de alguna parte de la clase política con el mundo de las drogas no es algo nuevo. 

Basta solo esculcar en la política colombiana de las últimas décadas, para percatarse de la lamentable huella que ha dejado el mundo de las drogas en el campo de la política.

La verdad son pocos los países que están exentos de este drama. 

Recordemos a Bill Clinton, ex presidente de los EEUU, quien no sólo reconoció que no había sido un marido perfecto, sino que además dijo que «no había incumplido las leyes de su país», para más tarde reconocer que había «experimentado» con marihuana un par de veces mientras estudiaba en el Reino Unido, pero eso sí, aclarando que no se había tragado el humo.

Por su parte, Barack Obama, a diferencia de Bill Clinton, dijo «yo sí me tragué el humo, se trataba de eso», y reconoció que había consumido cocaína ocasionalmente en su juventud, «una raya de vez en cuando si podíamos pagarla». 

No podía ocultarlo, lo había revelado en un libro un tiempo antes, cuando ni soñaba con ser presidente.

En 1986, el entonces alcalde de Washington DC, Marion Barry, fue grabado en la habitación de un hotel con una prostituta, fumando crack y consumiendo cocaína, lo cual le costó la cárcel.

En Italia, en octubre del 2006, un programa de televisión hizo test de drogas a los diputados. 

Los productores del programa organizaron unas entrevistas falsas a 50 dirigentes políticos que creían que iban a hablar de temas presupuestarios y, en lugar de eso, las maquilladoras tomaron muestras de sudor para hacer la prueba. 

El resultado fue explosivo: 16 habían consumido marihuana y/o cocaína en las 36 horas anteriores a la prueba. 

Tal fue el escándalo que el programa jamás se emitió. 

El canal que lo canceló, por cierto, era propiedad del ex presidente Silvio Berlusconi.

También en Europa, mucho antes, en 1973, el ministro de Defensa del Reino Unido, el conservador Anthony Lambton, fue fotografiado con dos prostitutas por el esposo de una de éstas, escondido en un armario.

Las fotos de Lord Lambton (como era conocido) en posturas sexuales y fumando marihuana en la cama, generaron un escándalo que destruyó su carrera y su matrimonio y casi derriba el gobierno de Edward Heath.

Para no ir tan lejos, en Colombia, en el año 2010, en una entrevista por RCN radio, el ex presidente Juan Manuel Santos, reconoció que en la década de los 70, en los EEUU: “fumé marihuana en la época de la universidad, como casi todos mis compañeros».

Aquí mismo, en Venezuela, en febrero de 1987 el diputado del entonces Congreso de la República, Hermócrates Castillo, fue detenido in fraganti con 5 kilogramos de cocaína. 

El parlamentario resultó ser narcotraficante.

Ahora bien, vistos estos pocos antecedentes en el concierto de las naciones, es más que oportuna la propuesta de Morel Rodríguez, sobre todo para que sirva como ejemplo una actuación de esta naturaleza, no sólo para nuestra juventud, sino para todos los compatriotas que perciben la política como un oficio en el que tolo lo malo es posible, donde vale todo por sobrevivir y sobresalir. 

Es tiempo que la gente perciba que existe una manera diferente de hacer política. 

Que la propuesta no la hizo un candidato que no es el suyo o el mío, sino el de otros, es lo que menos importa. 

Es una buena propuesta, vale la pena ponerla en práctica y punto.

Pienso hay que aplicarla, en beneficio del oficio de la política, para devolverle la credibilidad y la jerarquía, en una sociedad urgida de valores y ejemplos ciudadanos.

Sólo ampliaría su alcance, en ocasión del cierre de presentación de candidaturas acordadas por el CNE para este domingo 26 de septiembre, para que todos los candidatos a gobernadores, alcaldes, legisladores y concejales, que están inscritos para las megaelecciones regionales y municipales del 21 de noviembre próximo, se presenten voluntariamente a realizarse la prueba antidoping ante quien corresponda  hacer el examen de rigor.

“Si así lo hicieren, que Dios y la Patria os premien, sino que os lo reclamen”.

JoséGregorioRodríguez/jotaerre577@gmail.com

 

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