El por qué de mi candidatura por Morel Rodríguez Ávila

Imposible esconder, de cualquier manera, la triste, caótica y peligrosa situación que atraviesa el pueblo insular. Desde luego que todo el país sufre la crisis económica y social que la pésima gestión oficialista le generó a Venezuela en las dos últimas décadas, ahora agravada por la pandemia del Covid-19. Pero, en el caso nuestro, sus dimensiones son enormes y sus efectos fuertes, duros, perjudiciales, cada vez crecientes, dadas las características de insularidad que tiene el estado Nueva Esparta.  

Lo que aquí se vive ya resulta intolerable. Imposible de seguir aceptando resignados que sus efectos crezcan y horaden cada día más el siempre frágil tejido social, y que la crisis antes que ser enfrentada con soluciones que concreten, por lo menos atenuarla, por el contrario, sean la desidia, la irresponsabilidad y el olvido de los gobernantes locales, regionales y nacionales los verdaderos culpables de su diario crecimiento. Una situación, se insiste, que retrata la gigantesca ausencia de sensibilidad principalmente en las autoridades, cualesquiera su nivel, pero también de experiencia, capacidad y dedicación.  

Fue esa clase de políticos, aquéllos que han entendido la política como instrumento que les favorezca sus personales propósitos y no los de la gente que les creyó honestos, preparados y de verdad pensando en el bienestar del pueblo, los culpables de lo que hoy el pueblo insular sufre. Tal indolencia, ése actuar así, fue triplicando los errores que, por ser tantos y todos dañinos, se desparramaron por los cuatro rincones de un país que se volvió pobre de la noche a la mañana, después de haber sido rico en todo toda la vida.  

Ese huracán desde luego que nos impactó y llegó arrasando la región insular, ya lo dijimos, convertido en hambre, miseria; cierre de empresas, industria y comercio; desempleo, inseguridad y desesperanza; miedo al enfermizo afán estatizador, a una injusta y atrabiliaria justicia.  Consecuencia natural de una política que desbastó lo que con tanto esfuerzo en los tiempos de la democracia, la sociedad civil junto al gobierno edificó hasta convertir a Margarita y Coche no sólo en el estado con mayor y mejor calidad de vida en toda la república, sino en bastión del turismo nacional y un Puerto Libre que, como columna, sostenía nuestra economía, que esa mala política, esa pésima gestión, y ese gran equívoco electoral lo hundió.  

Nada de lo arriba dicho puede calificarse de mentira, menos de ataque, tampoco acto de retaliación alguna. No. Es la pura y simple verdad.  Una verdad que le duele solo al pueblo que la sufre día a día, que en la calle se comprueba con centenares de niños pidiendo comida, de hombres y mujeres rebuscando en la basura qué comer; en las inmensas colas de gente diligenciándose la bombona de gas doméstico para cocinar en un país que de gas tiene las mayores reservas en el mundo; de cientos de miles que esperan hasta dos meses que les llegue el agua; el desempleo creciendo; aumentando la deserción escolar porque los padres no pueden darle un desayuno a sus hijos antes de enviarlos a unas escuelas, que las construimos modernas, amplias, funcionales, incluyendo aulas telemáticas y garantizando su  presupuesto para mantenimiento, hoy en día abandonadas. Igual la red de ambulatorios, que tenían periódicamente asegurada su dotación de equipos y medicamentos, ahora sin nada.  

En fin, una situación absolutamente diametral en todo sentido a la que Margarita y Coche vivieron en tiempos de la democracia y que en los últimos ocho años, sobre todo, se profundizó, se agravó, se agigantó a los extremos de pobreza crítica, a las puertas de la hambruna, a metros del barranco y sin que  los gobernantes en Miraflores y en La Asunción hayan buscado cómo detener el desastre, porque no lo quisieron y, lo peor, no supieron cómo hacerlo. 

Lo que el pueblo insular sufre no puede seguirse tolerando. De allí que, dentro del ejercicio democrático, autorizado plenamente por los derechos que me otorga la Constitución, y porque el pueblo y los sectores todos que componen la sociedad civil margariteña y cochense me lo han venido solicitando, las encuestas lo grafican y en la calle ya es una petición a gritos, presento mi candidatura a la Gobernación, con el único propósito de trabajar, como siempre lo he hecho por Nueva Esparta, que nos reclama su urgente salvación, una obligante petición popular a la cual no puedo negarme. 

Sí, una obligación, así lo entiendo, así lo acepto, así será. Estoy preparado. He dicho que sé nadar y llegar hasta la playa. Estoy construido con la misma arcilla con la que Dios construyó al pueblo, del cual provengo y al que me debo. Tengo fuerza y valor para la entrega. No me animan ni el odio ni el rencor. Soy un hombre decente, responsable, que honra la palabra empeñada. A lo largo de mi vida pública y privada nunca he declinado responsabilidades. Las asumo, las enfrento. No tengo miedo de reclamarle al primer magistrado nacional, al ministro, o al presidente de cualquier organismo, lo que constitucional y presupuestariamente a Nueva Esparta obligatoriamente deben entregarle.  

Eso sí, lo he hecho y seguiré haciendo con mucha decencia, pero también con mucha fuerza. Los desaparecidos presidentes Jaime Lusinchi y Hugo Chávez me escucharon y me dieron toda la razón. Incluso, y siempre se los agradecí, me mostraron como ejemplo a seguir de buen gobierno a sus respectivos gobernadores. Pero el mejor reconocimiento me lo ha dado el pueblo que, en cualquier lugar de nuestras islas, me tiene como amigo y que, agobiado como vive en estos tiempos difíciles y tormentosos, pide que regrese para salvar a Nueva Esparta. Y juro que lo haré. 

@MorelRodriguezA

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