Cigarrillos electrónicos e incremento del riesgo de contraer COVID-19

Fumar cigarrillos electrónicos puede aumentar el riesgo de contagio de coronavirus, especialmente entre la población más joven.

Este es el aviso que lanza el Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP), formado por 500 especialistas de todo el país, ante la nueva oleada de casos de COVID-19.

Así lo demuestra también un estudio publicado por la revista Journal of Adolescent Health. El informe destaca que el diagnóstico de COVID-19 fue cinco veces mayor entre los usuarios de cigarros electrónicos con edades comprendidas entre los 13 y 24 años.

Alberto Ruano, miembro del Comité Científico del GECP y experto en epidemiología y prevención, explica a EFEsalud los peligros del tabaco y su relación con el coronavirus.

“Sabemos que el humo del tabaco está compuesto por partículas que son expulsadas de los pulmones y pueden alcanzar una distancia importante”, indica el experto.  Si un fumador tuviese COVID-19 en estas partículas podría ir añadido el virus.

El epidemiólogo destaca que aunque no existan aún muchos estudios, desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) se está planteando esta idea de transmisión.Alberto Ruano, miembro del Comité Científico del GECP y experto en epidemiología y prevención/ Foto cedida

“Estaríamos pasando de la difusión del virus a través de pequeñas gotas que expulsamos al toser  o estornudar a una difusión en forma de aerosol”, explica.

El humo del tabaco es precisamente un aerosol y por lo tanto “podría facilitar la diseminación del virus”.

En este sentido, Ruano, insiste en que los cigarros electrónicos son igual de peligrosos que el tabaco convencional porque el mecanismo es el mismo.

Fumadores: más riesgo de contagio y dificultades frente a la COVID

Los oncólogos del Grupo Español de Cáncer de Pulmón recuerdan que fumar reduce la capacidad pulmonar.

Los fumadores están más expuestos a posibles afecciones pulmonares e incluso puede incrementarse la gravedad de enfermedades respiratorias como el coronavirus.

“El tabaco es un factor de riesgo que empeora las perspectivas ante una infección pulmonar. Los oncólogos siempre hemos abogado por su desaparición para salvar muertes evitables”, sostiene Bartomeu Massuti, secretario del Grupo y jefe de oncología del Hospital General de Alicante.

Alberto Ruano indica, además, que los fumadores son propensos a las formas más graves del virus, a necesitar ingreso hospitalario y respiradores. “Se sabe que los fumadores aumentan los niveles de angiotensina, una enzima que el virus utiliza para facilitar la entrada a los pulmones”, indica.

Por otro lado,  la manipulación del cigarro con las manos y un posible contacto con la boca, ojos o nariz posterior expone a los fumadores a un mayor riesgo de contagio.A esto hay que añadir el hecho de que los fumadores puedan tener ya dañados los pulmones por las sustancias nocivas del tabaco. “Esto facilita que el virus interaccione con las células de los pulmones”.

Otro elemento a tener en cuenta es la tos producida por el tabaco. “Es característica de una buena cantidad de fumadores, pero podría ser confundida con la tos producida por el coronavirus”, comenta.

Todos estos mecanismos, según indica el experto del GECP, derivados del consumo de tabaco contribuyen a la expansión del virus.

Oportunidad para “cercar” el tabaco entre los jóvenes

En este contexto y ante el repunte de nuevos casos de coronavirus, desde el Grupo de Cáncer de Pulmón sostienen que es el momento de endurecer las políticas antitabaco.

Ruano considera insuficiente la medida que permite fumar en espacios públicos si se mantiene la distancia de seguridad. “Desde el ámbito de la salud pública debería estar prohibido fumar en estos espacios”, defiende.

Para el experto no tiene sentido que de forma involuntaria mucha gente se esté exponiendo a la inhalación de carcinógenos humanos.

Sin embargo, es en los jóvenes en los que hay que centrar la atención. Se inician cada vez más pronto en este hábito.

Desde el Grupo denuncian que los derivados del tabaco como los vapeadores, cigarros electrónicos o cachimbas “están ganando terreno aprovechando vacíos legales o alegando menor riesgo para la salud”.

Precisamente, muchos menores utilizan los vapeadores como una “fase de experimentación” previa al tabaco. Por eso, los oncólogos del GECP piden un endurecimiento de la legislación frente a ellos.

“Subir el precio del tabaco está demostrado que tiene una relación directa con el descenso en la prevalencia del consumo”, alega Ruano. En el caso de los jóvenes es más notorio porque dependen económicamente de sus padres y puede evitar un consumo prematuro.

Otra posible opción pasa por utilizar modelos sociales que les influyan o recurrir a las recomendaciones sanitarias.

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