Perder-Perder, por Luis Vicente León

El dilema de participar o no en una elección impresentable como esta es falso y sólo conducirá a una nueva derrota, que caerá como un plomo en un país y en una sociedad agotada, decepcionada y engañada. Finalmente la oposición quedó encerrada en una situación de perder-perder.

Votar o no votar no es la pregunta que se debate entre la verdad y la mentira, lo racional y lo irracional, el éxito o el fracaso. Estamos debatiendo encerrados entre dos extremos perdedores, con argumentos ciertos cada uno de ellos y a la vez con problemas estructurales que impide ganar con cualquiera de los dos.

Arranquemos por la decisión del G4 de llamar a la abstención. Su lógica es impecable. ¿Cómo puede la oposición institucional, frente al nombramiento sesgado del CNE, sin cambios en las condiciones de participación, sin negociaciones políticas, con presos políticos, asilados o exiliados y con los directorios de los partidos de oposición desfenestrados e intervenidos por el gobierno, llamar al pueblo a votar en esa elección? Nadie puede retar la racionalidad de esa decisión. 

Entonces, ¿cuál es el problema? El mismo que ha tenido en la historia política del mundo y en los intentos previos de estrategia abstencionista en Venezuela: la probabilidad de provocar con ello los cambios políticos son tan bajos que podrían considerarse irrelevantes. 

Y después de no votar, ¿qué? ¿Cuál es la estrategia para convertir la energía potencial de una oposición mayoritaria que desea a Maduro fuera del poder en energía cinética que realmente produzca ese cambio? 

Celebrar una abstención mayoritaria es como un pase de cocaína: te hará sentir muy bien en el momento, ¿y después? Si lo vemos a la luz de los resultados previos, cuyos argumentos favorables se resumen en ética y respaldo internacional (incluyendo el control de los recursos externos del país por parte del gobierno interino), la proyección futura de esta decisión proyecta el mismo resultado: una oposición sin capacidad de cumplir su promesa de provocar el cambio de gobierno y aunque logre quedarse en poder simbólico con el control de la AN previa y mantener a Guaidó reconocido por una catajarra de países (que igual no han podido ayudar a producir el cambio durante todo este tiempo, ni lo harán en el futuro) está condenada a la irrelevancia, como Aristide en Haití o el gobierno en exilio de España en México o de Cuba en Miami.

Pero esta proyección pesimista sobre la decisión del G4 de no participar no significa que la otra alternitiva, llamar a votar, sea mejor. Primero porque ya es imposible lograr una unidad sobre la votación en la oposición y llamar al pueblo a votar, en las condiciones actuales, sin confianza en las instituciones, sin control de los partidos, sin unidad, ni liderazgos opositores conectados sólidamente a la población, hace que el resultado esté cantado: un pueblo que hará cortocircuito y se abstendrá pese a los llamados de sus líderes naturales, creando una condición peligrosa de validación al circo “electoral” muy bien planeado por la revolución, quedando aún peor frente a sus aliados internacionales, que a la postre han quedado… como lo único que queda. 

Como suele ocurrir en estos dilemas falsos, la solución al problema existe, pero no esta a la vista de quienes se quedaron pegados en lo evidente. La solución no está ahí entre votar o no votar en una elección sesgada. Exige pensar fuera de la caja y provocar propuestas distintas de acción, que convenzan al pueblo de que sí se puede participar en todos los tableros a la vez, si sabes hacia donde vas y qué harás con ello y entiendes que es una guerra de largo plazo y no una batalla puntual que, por cierto, esta perdida de antemano.

luisvleon@gmail.com 

Compruebe también

Los insulares deben saber qué harán sus diputados en la Asamblea Nacional, por Morel Rodríguez Ávila

Los insulares deben saber qué harán sus diputados en la Asamblea Nacional demostrar que fueron