Las escuelas rotas, por Manuel Avila

Las escuelas rotas de toda Venezuela han recibido los embates de la pandemia para convertrise en espacios de la nada. De ensayo en ensayo se ha puesto a cabalgar a los estudiantes de las escuelas públicas y privadas.

Al comienzo de la pandemia empezaron los docentes a tirar flechas con improvisaciones que consideraban a internet como el soporte de tareas y evaluaciones enviadas a lo loco con temas que se le ocurría a cada docente como solución inmediata al problema de la crisis de la educación nacional. Ni por un lado ni por el otro los docentes y sus directores encontraban la fórmula mágica para sortear la debacle educativa nacional. Todo el mundo comenzó a tirar flechas y por ninguna parte hacían diana en el objetivo de evitar que los estudiantes perdieran el año escolar. Esa locura educacional llegó hasta las universidades públicas y privadas que se metieron en el mundo de la virtualidad para dar razón al experimento de la UNA que se sembró en Venezuela hace años y todavía es materia de discusión sobre sus ventajas y desventajas. Pero tenían razón los impulsores de la educación a distancia porque con el tiempo la virtualidad de la maestrías y doctorados realizados por Universidades Latinoamericanas y del resto del mundo utiliza la vía on line como la forma más económica y viable para la formación de los estudiantes. Por supuesto la traba principal es la mala calidad de la telefonía y las interrupciones de la electricidad, además de la adquisición de los equipos electrónicos para realizar las tareas educativas.

En la primera etapa la locura se apoderó de la educación nacional hasta el punto de enredarse todo el aparato educativo en un tema sin salida que inmediatamente fue cambiado por el Ministerio de Educación por las clases por televisión para todas las modalidades para guiar el trabajo de los docentes que se desinfló en el camino para dar pasó al centralismo estratégico educativo que desde Caracas empezó a girar las instrucciones para realizar las tareas educativas en todo el país. Esa realidad dejó a los docentes nacionales, estadales, municipales y de las escuelas privadas como verdaderos muñecos de cera de esta realidad nacional. Ese es el modelo que se aceptó por encima de las posiciones de toda la comunidad educativa nacional y punto. Y no valieron para nada los gritos del magafonero que solicitó la entrega de teléfonos celulares inteligentes y computadores de última generación para las escuelas de Nueva Esparta, pues ese fue su aporte a la transformación de las escuelas dependientes del Ejecutivo Regional.

Mientras todos los experimentos ocurrían para la salvación del año escolar de los educandos de todo el país las escuelas de Nueva Esparta rotas por la desidia y la falta de mantenimiento se venían al suelo. Se desploman ante la mirada de los directores y maestros que ven con preocupación como las 108 escuelas que se construyeron entre el 2005 y el 2012 para dejar sentado un modelo de gestión orientado a la educación como soporte del desarrollo de los pueblos. Y es que ese proyecto molió las aspiraciones del mismo Gobierno Nacional en tiempos de Chávez y Maduro que no pudieron competir con la propuesta sólida de construir una escuela en cada sector. Por eso se limitó el Gobierno Nacional solo a dos o tres escuelas entre las cuales podemos mencionar el Liceo «Angel Noriega Pérez»de Pampatar, la rehabilitación del Liceo «Nueva Esparta» de Porlamar y una que otro preescolar construido por el Gobierno Nacional en Nueva Esparta. Con semejante propuesta del desarrollo se acabó con el pan de piquito educativo a nivel nacional y solo la Gobernación de Miranda con Capriles aguantó el paso arrollador de Nueva Esparta que impulsó el Gobernador Morel Rodríguez con las banderas del progreso como soporte.

Ese proyecto educativo que entre el 2005 y el 2012 rompió los paradigmas de la construcción de escuelas  a nivel nacional sembró las bases del desarrollo educativo de Nueva Esparta y sirvió de ejemplo para el nivel nacional. No pudo siquiera el Gobierno Nacional frenar tal propuesta que proyectaba a Nueva Esparta como la vitrina educativa nacional que simultáneamente estableció convenios con la universidades nacionales para asignarle terrenos para construir núcleos en toda la región y en convenios macros con todas esas casas de estudios para iniciar la propuesta de convertir a la región en la car ade la educación nacional. En esos intentos se hicieron convenios con la UCV, con la UDO, con la ULA, con la Simón Bolívar. con Unimar y se inició la propuesta UCABMAR que traía la Católica a Margarita para dar no solo carreras de pregrado, sino para realizar maestrías y doctorados para todo el Caribe.  Con esa propuesta se rompían los esquemas de la centralización educativa y abría las compuertas de la educación en Venezuela. De ahí nacieron diplomados con la Embajada de Polonia y Finlandia cuyos Embajadores vinieron a Nueva Esparta interesados en su potencial educativo.

Ante esa realidad que se tejió en data reciente del 2012 muchos se han querido tapar los ojos y hasta un funcionario de este gobierno que ni un brochazo le ha dado a las escuelas de Nueva Esparta, se atrevió a decir que en el Gobierno de Morel Rodríguez no se construyó ni una sola escuela en la región. Pero como la verdades no la puede ocultar nadie es preocupante que las escuelas nuevas y bonitas y también las rehabilitadas «estén rotas» porque a nadie se le ha ocurrido que hay que hacerles mantenimiento y que eso le costó mucho dinero a la nación. Es elemental que a las escuelas hay que hacerles mantenimiento y por eso se firmaron claúsulas que obligaban a mantener las escuelas para que no se destruyeran en el tiempo.

Eso mismo ocurrió con las aulas de informática que fueron destruidas en los últimos 6 años y no ha habido la voluntad política para devolver a los estudiantes margariteños y cochenses las aulas de telemática bonitas y modernas que tuvieron en aquel momento. Se entiende que el factor crisis es fundamental, pero ni siquiera ha pasado por el pensamiento de quien pensó que la gerencia educativa era soplar y hacer botellas.

  • Las escuelas rotas es parte de la realidad país que mantiene en ascuas a una sociedad educativa congelada por políticas equivocadas que se enrumbaron solo por los caminos pedregosos de la Onapre y sus incrementos salariales, en la entrega de credenciales de trabajadores fijos y en pañitos calientes que solo dejaron medio kg de queso y si acaso medio pollo en las arcas de los docentes, administrativos y obreros de las escuelas estadales. Ante ese cuadro dantesco que pone en tela de juicio los niveles de gerencia de los que se ufanan de ser transformadores de la nada y que al final no se ven los frutos por ninguna parte. Solo de desidia y abandono sufren la escuelas que ayer fueron vitrinas del progreso de una región que le zapateaba duro a todos los estados del país y que hizo temblar a un Gobierno Nacional que no supo luchar en ese terreno con quien los superó en gerencia y tamaño.

Con las escuelas rotas por la desidia y ahora por el cierre por meses se terminarán de quedar en el abandono unas escuelas que ni un pote de pintura recibieron en los últimos 6 años y por ende tienden a deteriorarse en ese encierro obligado. Esa realidad pone a nuestras escuelas en el filo de la navaja y obliga a los gobernantes a voltear la mirada a lo que es una realidad que se lleva en sus vientos huracanados el futuro de Nueva Esparta. Por ahora solo escuelas rotas es la gestión de la habladuría oficial y de la incompetencia de quienes no supieron interpretar que es en la educación donde está la veta fundamental para el desarrollo de los pueblos, pues «Dios conoce el futuro; la esperanza es propia del ser humano, de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que ignora como será el porvenir».

Encíclica/ManuelAvila

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